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Análisis Infodron.es

Los drones en el conflicto libio

MQ9 Reaper. Foto: GA-ASI.

MQ9 Reaper. Foto: GA-ASI.

25/01/2021 | Madrid    0

Col. Gonzalo Vallejo Díaz

El conflicto que está teniendo lugar en Libia, desde el derrocamiento del dictador Gadafi en el año 2011, ha derivado en la puesta en escena de las capacidades de los drones de las dos principales fuerzas en conflicto: el Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN/GNA), reconocido por la ONU, Qatar, Italia y Turquía, y a cuyo frente está el primer ministro Fayez al-Serraj; y el LNA o Fuerzas de liberación de Libia, apoyadas por Francia, Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Rusia y Arabia Saudí lideradas por el general Khalifa Haftar.

En abril de 2019 las LNA iniciaron su ofensiva terrestre hacia la capital, contando con el apoyo aéreo de los Mirage 2000 de los EAU y también de los drones Wing Loong II o Chendu GJ-21, de fabricación china, operados por pilotos de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) desde la base aérea de Al Khadim, en el este de Libia.

Estos drones chinos tienen un radio de operación de hasta 2000 kilómetros gracias a su enlace vía satélite. Cuentan con una capacidad de carga de hasta 480 kilogramos, lo que significa que pueden lanzar misiles guiados de precisión, tipo Blue Arrow 7, teniendo a su alcance cualquier objetivo dentro de Libia.

El misil Blue Arrow 7 o Lan Jian 7 (LJ-7), es un misil antitanque fabricado por CASC (China Aerospace Science & Technology Corporation). Tiene una capacidad de penetración de 1400 milímetros y lleva un sistema de guiado láser semiactivo con un alcance máximo de siete kilómetros.

En la ofensiva del LNA contra la capital, los ataques aéreos no fueron precisamente de precisión, el número de víctimas civiles aumentó a medida que se alcanzaban objetivos en áreas urbanas cada vez más pobladas. Alguno de los casos más mediáticos fueron el doble ataque, en agosto de 2019, al ayuntamiento de Trípoli, con un total de 45 víctimas, la mayoría civiles, y el que tuvo lugar el 4 de enero de 2020, cuando 26 cadetes desarmados del GNA perdieron la vida en su base del sur de Trípoli al ser alcanzados por un misil Blue Arrow 7 lanzado por un dron Wing Loong II3.

A comienzos de 2020, cuando Trípoli parecía que iba a caer en manos del LNA, la situación tornó coincidiendo con el despliegue de los drones turcos Bayraktar TB2 en la base libia de Misrata, acompañados también de sistemas de defensa aérea Korkut y MIM-23 Hawk a fin de garantizar la operación segura de sus drones.

Turquía había firmado dos acuerdos con Trípoli en noviembre de 2019: un memorando de entendimiento (MOU) sobre la provisión de armas, entrenamiento y personal militar al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) respaldado por la ONU en Trípoli; y un acuerdo marítimo que delimita las zonas económicas exclusivas (ZEE) en las aguas del Mediterráneo que separan a los dos países. El 2 de enero de 2020, el parlamento de Turquía autorizó el despliegue de tropas para apoyar al GNA.

La efectividad en el empleo de los Bayraktar TB2 puso fin al avance del LNA, permitiendo, en mayo de 2020, retomar la importante base aérea de Al Watiya, que constituía la base avanzada de operaciones del LNA.

Al Watiya fue posteriormente atacada en julio de 2020, se piensa que por cazas Rafale de alguno de los países que apoyan al LNA (Francia, EAU o Egipto). También son confusos los daños producidos, aunque se considera que pudieron ser importantes los daños causados en aviones F-16, drones Bayraktar TB2 y S Anka y baterías de defensa aérea turcas.

Ante la reacción del GNA y el retroceso del LNA, diversas informaciones apuntan a que Rusia habría desplegado hasta 14 Mig 29 y SU-24 en la base aérea de Al-Jufra en el centro de Libia, como medida disuasoria.

El dron turco Bayraktar TB2 tiene unas capacidades más limitadas que el Wing Loong II. Con un alcance máximo de 200 kilómetros tiene una capacidad de carga de 55 kilogramos, lo que significa una carga de pago de dos Roketsan MAM-L u 8 MAM-C. Estas municiones inteligentes microguiadas, de fabricación turca, se caracterizan por su alta efectividad contra infraestructuras ligeras y vehículos no blindados, antenas radar y otros objetivos no protegidos. Cuentan con un buscador laser semiactivo y un peso de 22 kilogramos (MAM-L) y 6.5 kilogramos (MAM-C). El MAM-L tiene un alcance de ocho km que puede extenderse a 14 kilómetros con un sistema de apoyo inercial/GPS.

Pese a sus limitaciones de carga y alcance, el Bayraktar TB2 ha resultado muy efectivo en su enfrentamiento con los sistemas Shorad de origen ruso Pantsir S1, que, proporcionados por los UAE, apoyan a las LNA del general Haftar. El enfrentamiento entre estos sistemas de armas ya tuvo su antecedente en la región de Idlib, en el norte de Siria, donde Turquía desarrolló la operación Spring Shield en febrero de 2020, como operación militar de castigo contra el Partido de Unión Democrática del Kurdistán (PYD) al que Turquía considera como integrante del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Se empleó el dron Bayraktar TB2 en misiones de localización y señalización de blancos, en beneficio de la artillería, aunque también en misiones de ataque, apoyados por acciones de guerra electrónica para cegar las defensas sirias5.

Tras la negativa en 2015 del Congreso de EEUU de proporcionar drones MQ-1 Predator y MQ-9 Reaper, Turquía potenció su industria de UAV buscando la independencia del exterior y finalizando la colaboración que había tenido con Israel, dado que los resultados de su proyecto común de dron Heron modificado, al que se había incorporado el sistema electroóptico de vigilancia y reconocimiento (ISR) ASelfir300T fabricado por la empresa turca Aselsan.

El sistema Shorad Pantsir S1, conocido en la OTAN como SA-22 Greyhound, combina 12 misiles SAM 57E6 de corto-medio alcance y un cañón antiaéreo bitubo 2A38M de 30 milímetros, desarrollado por la empresa rusa KBP. Los UAE montan este sistema en camiones alemanes MAN SX 45 8x8, lo que incrementa su movilidad. El alcance del misil 57E6 es de 20 kilómetros a una altitud máxima de 15 kilómetros.

Los cañones 2A38M cubren una zona de cuatro km a una altitud máxima de tres km. Estas características marcan la superioridad de este sistema sobre los Bayraktar TB-2 y su munición inteligente MAM-L. Para resolver este gap, Turquía emplea sistemas de guerra electrónica Koral, de la empresa turca Aselsan, a fin de anular los sistemas de defensa aéreos enemigos (SEAD). El sistema Koral va montado en dos camiones 8x8, operando desde la banda S a la K y con un alcance de 150 kilómetros. Turquía empleó en Siria el sistema Koral asociado al sistema de alerta temprana basado en Boeing 737 (The Peace Eagle), junto con los cazas F-16 y sus misiles Amraam, logrando mantener a raya a los cazas sirios Su-24 que fueron varias veces alertados para interceptar los drones turcos que entraban en el espacio aéreo sirio.

Otro de los actores en el conflicto libio, Italia, en noviembre de 2019 sufrió la pérdida de un dron MQ-9 Reaper cerca de la ciudad de Tarhuna, a unos 65 kilóemtros al suroeste de la capital Trípoli.

Italia opera sus Predator A y sus Reaper desde la base aérea de Amendola en el sur de Italia, así como desde la base de Sigonella en Sicilia. Fuentes italianas aseguran que el dron estaba asignado a la operación Mare Sicuro en el Mediterráneo Central frente a la costa libia que incluye el control de la inmigración ilegal y el terrorismo.

Los Estados Unidos, por su parte, continúan sus ataques periódicos desde sus bases en Italia y Níger, con drones MQ-9 Reaper, contra grupos afines al ISIS que operan en el sur de Libia. Se ha constatado al menos la pérdida de un dron norteamericano, también al suroeste de Trípoli, estimando que pudieron ser mercenarios rusos (grupo Wagner) desplegados con el LNA8.

Tras el alto el fuego del 21 de agosto, se han multiplicado los contactos entre las dos facciones libias en conflicto a fin de entablar conversaciones de paz. Estas se produjeron finalmente a comienzos de septiembre en la localidad suiza de Montreux y a finales de septiembre en la localidad marroquí de Bouznika, a unos 40 kilómetros al sur de Rabat.

La situación en Libia está lejos de alcanzar un acuerdo de paz duradero y es previsible que la actuación de drones se incremente si se reanudan las hostilidades. La estrategia actual del régimen de Ankara y la incipiente puesta en servicio de nuevos drones turcos con mayores capacidades, tales como el Aksungur de la empresa Turkish Aerospace Industries (TAI) y el Akinci de la empresa Bayratar, puede suponer la prueba de fuego de estos y otros sistemas en servicio de las fuerzas en conflicto.

 

Texto extraído de la Revista de Aeronáutica y Astronáutica.

 

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