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Para labores de rescate o inspección

El proyecto ARCAS desarrolla robots voladores con brazos manipuladores

23/09/2014

(Infodefensa.com) Madrid – El proyecto europeo ARCAS (Aerial Robotics Cooperative Assembly System), coordinado por el Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales (CATEC) en colaboración con la Universidad de Sevilla, ha diseñado una gama de robots voladores dotados de brazos manipuladores con varias articulaciones capaces de agarrar, transportar y depositar piezas de manera segura y eficaz.

La autonomía y las capacidades de estos robots se están desarrollando con el objetivo de que puedan construir o desmontar estructuras con muy diversos fines, como misiones de rescate o labores de inspección y mantenimiento en los sectores energético y espacial.

“Nuestra propuesta es que los robots sean capaces de volar en cualquier espacio en el que sea imposible o poco práctico que trabajen robots terrestres o que vuele una aeronave pilotada”, explica el coordinador del proyecto, Aníbal Ollero, profesor de la Universidad de Sevilla y asesor científico de CATEC. “Tenemos helicópteros y sistemas multirrotor (con ocho rotores) para controlar mejor el sobrevuelo, aumentar la carga útil y portar brazos con mayor libertad”, explica.

Ya se han probado hasta diez mini prototipos en un banco de pruebas interior instalado en el CATEC, en Sevilla. Las pruebas en exteriores y a mayor escala —empleando helicópteros adaptados y multirrotores más grandes para agarrar barras y transportarlas a cierta distancia antes de depositarlas de nuevo— se llevaron a cabo en las instalaciones del DLR, el centro alemán de investigación aeroespacial, y en la propia Universidad de Sevilla.                                                                                                                               

Según explican desde el CATEC, la idea de emplear robots voladores no es nueva en absoluto, sino que ya existen múltiples tipos de vehículos voladores no tripulados destinados a obtener fotografías y datos de sensores, entre otras funciones. Sin embargo, indican que ARCAS realiza una labor pionera al dotar a estos robots con brazos con los que pueden llevar a cabo tareas de manipulación complicadas de manera autónoma. Se programan con información sobre su misión y mapas tridimensionales para orientarlos, cuentan con sensores para adaptarse a los fallos (como la caída de una pieza) o a cambios en las circunstancias (como cambios meteorológicos) e incluso se les enseña a aterrizar con seguridad en caso de emergencia o a volver a la base de forma automática si pierden contacto con la misma.

“Los robots funcionan muy bien”, ha afirmado el profesor Ollero. “Aún es necesario mejorar su precisión y capacidad de repetición en distintas condiciones, pero los resultados son muy alentadores. Hemos demostrado capacidades de manipulación aérea  con brazos dotados de seis y siete articulaciones y funciones de percepción y planificación, un logro completamente inédito”, ha explicado. Ahora la intención es mejorar la solidez y la capacidad de reacción de los robots haciendo que trabajen en conjuntos mayores y aumentando la complejidad de las tareas que ejecutan.

De la inspección de tuberías a la basura espacial

ARCAS está abriendo el camino para la aplicación de los robots voladores tan pronto como lo permitan las leyes nacionales en materia de seguridad.

En un primer momento se destinarán a labores de inspección y mantenimiento en oleoductos, gaseoductos y redes de electricidad que abarcan miles de kilómetros, por ejemplo. A medio plazo, el equipo confía en que los robots puedan cooperar en la construcción rápida de estructuras como estaciones de antenas en zonas remotas o plataformas entre edificios, por ejemplo para rescatar a víctimas de incendios. A largo plazo, después de 2020, podrán desmantelar satélites, reparar estaciones espaciales e incluso eliminar basura espacial.

El proyecto ARCAS cuenta con ocho socios de cinco países (España, Alemania, Italia, Francia y Suiza). Por parte española, además de CATEC y la Universidad de Sevilla, participa la Universidad Politécnica de Cataluña. Cuenta con una financiación por valor de 6,15 millones de euros a través del Séptimo Programa Marco de la Comisión Europea. Su trabajo se inició en 2011 y concluirá en noviembre de 2015.

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