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OPINIÓN / La Ventana

UNVEX y el tren de los sistemas no tripulados

25/02/2014

(Infodefensa.com) – La próxima semana se celebrará la tercera edición del Congreso UNVEX´14, donde representantes de la administración, industria y centros tecnológicos tendrán oportunidad de debatir sobre sus previsiones, proyectos e iniciativas y que puede permitir el intercambio de información sobre sistemas de aeronaves pilotados de forma remota, en un momento verdaderamente importante. Más que grandes anuncios sobre proyectos o perspectivas concretas lo que se espera es que el diálogo entre los actores principales se manifieste de forma abierta y se muestre la toma de conciencia para actuar de forma alineada de tal manera que España pueda jugar un papel adecuado en el futuro.

Desde el plano político se ha reconocido al más alto nivel, en el Consejo Europeo de diciembre pasado, la importancia estratégica de este sector. La propia Unión Europea ha establecido una estrategia específica para la integración de los sistemas en el espacio aéreo. En el plano bilateral algunos países ya han lanzado el tren a velocidad de crucero para que esta integración se produzca en un futuro inmediato. Las iniciativas para adecuar el marco normativo son acompañadas por importantes inversiones, de tal manera que, tanto instancias oficiales como industria, estén adecuadamente posicionados. Los que no sean capaces de subirse a ese tren quedarán relegados a meros consumidores de unos productos que están llamados a desempeñar un papel importante en actividades cotidianas.

Tres son los aspectos claves que se presentan en UNVEX: perspectiva de la demanda, posibilidades tecnológicas e industriales y marco normativo.

Empezando por este último aspecto, y sin insistir demasiado en su importancia que ha quedado recientemente reflejada desde Infodefensa.com, las iniciativas oficiales deben posibilitar una actividad industrial que tiene importante capacidad de generar riqueza en nuestro país. Los recientes compromisos, anunciados desde AESA, deberán permitir el desarrollo en este sentido. La industria de alta tecnología española no está precisamente sobrada de capacidades y no puede perder oportunidades en nichos que pueden ser tractores de desarrollo especialmente en algunas regiones de nuestra geografía.

Simultáneamente, oferta y demanda deben ir de la mano aprovechando las posibilidades locales, dentro de lo que el marco jurídico comunitario permite, pero sin relegar lo que puede obtenerse de forma local. La demanda, hasta ahora muy ligada a necesidades del Ministerio de Defensa, se ha visto satisfecha por productos y tecnologías importadas. Ha llegado el momento de determinar si las futuras necesidades, fundamentalmente de Fuerzas Armadas y de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad aunque no exclusivamente ligadas a estos ámbitos, pueden verse satisfechas por suministradores nacionales. Unos mínimos de inversión permitirían operar sistemas propios en un tiempo razonable siempre que se mantenga el realismo a la hora de definir requisitos técnicos. Sería difícilmente comprensible que, si se realizan inversiones, estas vayan dirigidas a soluciones en los que la participación industrial española sea marginal.

Por su parte la industria tiene una cuota importante de responsabilidad en proporcionar productos competitivos, tanto en prestaciones como en costes, y en aprovechar las inversiones en tecnología de las que se ha beneficiado en el pasado inmediato. Algunos proyectos sobre los que se ha venido realizando un esfuerzo importante, deben ser una realidad en plazo corto para que pueda materializarse el compromiso industrial con las necesidades de los usuarios, que de otra manera se verán obligados a buscar soluciones fuera de casa.

El impulso al desarrollo tecnológico debe continuarse desde instancias oficiales centrado en líneas que verdaderamente impulsen aquellos desarrollos o capacidades propias realmente competitivas y que puedan integrarse en iniciativas globales. La colaboración entre usuarios, centros oficiales e industria, principalmente PYMEs, es esencial para determinar qué proyectos son realmente beneficiosos para nuestro desarrollo económico y cuales realmente sólo contribuyen a este de forma tangencial, por muy llamativos que sean.

De todo este entramado surgen multitud de posibilidades de colaboración público–privada en el que el intercambio de experiencias, puesta en común de capacidades y determinación de actuaciones futuras debería permitir posicionar adecuadamente a España en un futuro que ya está encima. Seguramente no podamos estar en la primera línea de los grandes proyectos colaborativos europeos, pero entre todos debemos actuar de forma inmediata para colocar a España en una segunda línea activa. La responsabilidad es compartida. Parafraseando a lo que desde Infodefensa.com se decía hace tan sólo unos días, efectivamente “the ball is in our court”.

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