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En el ámbito naval

Los analistas dicen que el progreso de los UAV no acabará con la aviación

21/09/2011

(Infodefensa.com) Madrid – El aterrizaje en “manos libres” de un Hornet F/A-18D sobre el portaaviones Dwight D. Eisenhower en julio supuso un gran paso para los vuelos no tripulados, pero no el principio del fin de la aviación naval, aseguran los analistas.

El Hornet fue modificado para “emular” al sistema de combate aéreo no tripulado X-47B de Northrop Grumman, de forma que pudiese imitar sus capacidades de vuelo autónomo.

El avión y el barco fueron equipados con software y equipos especiales que permitieron al portaaviones dar instrucciones precisas, permitiendo las maniobras de precisión requeridas para un aterrizaje en este tipo de navíos.

Una vez de que el avión entró en posición, un operador del portaaviones seleccionó una aproximación pre-programada en un ordenador. El avión aterrizó de forma automática en la cubierta de vuelo y enganchó sin problema el cable de detención. Con excepción de la nueva tecnología, parecía exactamente igual que cualquier otro vuelo.

Aunque los aviones no tripulados permitirán diferentes tipos de misiones, todavía hay hazañas que sólo pueden realizar los pilotos, aseguran los analistas. No obstante, habrá cambios significativos, según recoge el portal de información NavyTimes.

Una vez que los aviones no tripulados hayan dominado el reabastecimiento en vuelo -una tarea que la Armada no ha tratado aún-, un nuevo conjunto de capacidades se establecerá en el hangar.

“Poco a poco se irá obteniendo un mayor alcance y más capacidad de carga en un vehículo aéreo no tripulado, en comparación con un avión de mando, y el sector va a adquirir una gran relevancia en los próximos años”, dijo Nate Hughes, director de análisis militar de Stratfor, una empresa de inteligencia global.

Más tiempo en vuelo

Según Hughes, hay ciertos trabajos en los que el avión no tripulado con base en un portaaviones tendrá ciertas ventajas. Por ejemplo, serán útiles si la flota ve un aumento en las operaciones en China y el Pacífico, donde las misiones tienden a ser más largas que en otros lugares.

Norman Friedman, autor de “Los sistemas aéreos de combate no tripulados: un nuevo tipo de aviación naval”, señaló que la mayor parte de los vuelos autónomos y no tripulados serán de vigilancia y reconocimiento, misiones que pueden durar varias horas. “Con el tiempo se les acaba la presión o algo se rompe, pero durarán más que un piloto”, añadió.

Además, hay implicaciones financieras. “Si piensas que es un misil de crucero que puedes recuperar, sólo lo pondrás en vuelo cuando lo necesites y tu reducirás números, tripulación y repuestos”.

Ahorro frente a capacidades

El vuelo autónomo significa que los costes asociados a los vuelos de entrenamiento, como el combustible, el mantenimiento o la logística, se reducirán.  Según las estimaciones de Friedman, podría suponer un 66% de ahorro, lo que haría del portaaviones un barco más atractivo desde el punto de vista fiscal. Sin embargo, indicó que el avión en sí mismo podría costar lo mismo que un avión de combate tripulado.

Hughes, por su parte, añade otros ahorros: los derivados de la ausencia de asientos de eyección, equipos de salvamento y otros sistemas que los pilotos necesitan para hacer su trabajo.

No obstante, a pesar de los avances y las ventajas de los vuelos no tripulados, la Armada estadounidense no tiene intención de enviar a sus pilotos a casa. “Ese no es el objetivo. El objetivo de la Armada es integrar los sistemas no tripulados en la flota”, señaló el capitán Jaime Engdahl, director del programa X-47B, en una teleconferencia el pasado mes de julio. Y los analistas concuerdan en que siempre se necesitan pilotos bien entrenados.

Eric Wertheim, editor del portal de información Combat Fleets of the World, apunta que un vuelo no tripulado lleva consigo una serie de vulnerabilidades por las que un piloto no tiene que preocuparse.

“Esto pone de relieve la importancia de la ciberguerra, tanto ofensiva como defensiva, en la que nosotros pensamos o hablamos sobre el empleo de vehículos no tripulados, ya sea en el aire, en el mar, en la tierra o en las profundidades de los océanos. Puedes apostar a que nuestros potenciales enemigos están buscando esto, así que nosotros debemos ser capaces de responder a este desafío”, agrega Wertheim.  

La Armada estadounidense ha afrontado este problema con el Fire Scout MQ-8B. En una prueba en la estación aeronaval Patuxent River, en Maryland, cayó el enlace de datos entre el helicóptero no tripulado y los controladores de tierra, dejando sin operador al UAV cuando se elevó en el espacio aéreo restringido sobre Washington, antes de que la conexión y el control se restablecieran.

Un informe del Pentágono publicado en junio señalaba que los problemas de enlace con el Fire Scout eran tan comunes que hacían prácticamente imposible usar el UAV para determinadas misiones.

La importancia creciente de los UAV en el ámbito naval es evidente; la incógnita ahora es, según los analistas, qué presencia deberían tener estos aviones en la flota.

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